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El VIH en gatos, ¿qué es el virus de inmunodeficiencia felina?

El VIH en gatos, ¿qué es el virus de inmunodeficiencia felina?
La patología solo afecta a los felinos, por lo que los humanos y todo el resto de los animales se encuentran a salvo de contagio
01.08.2019 15.41hs Health & Tech

La mayoría de las personas actualmente sabe de qué se trata el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH), cómo se contagia y cómo prevenirlo. También se sabe que hoy en día existe tratamiento y que la mayoría de los pacientes pueden continuar con su vida de manera regular.

Lo que muchas personas no saben es que existe un virus muy similar que afecta la salud de los gatos y se conoce como Virus de Inmunodeficiencia Felina (VIF). Se trata de una enfermedad que solo los afecta a ellos, con lo cual ni las personas ni otros animales pueden contagiarse.

Al igual que sucede con los humanos, el problema de esta enfermedad es que favorece la manifestación de infecciones secundarias y estas patologías operan como la principal causa de muerte entre los gatos infectados por VIF o también conocido como el sida de los gatos.

Sin embargo, sí puede transmitirse entre gatos, por lo que es recomendable que no compartan los comederos por el posible contacto de la saliva, que sí podría ser una vía de contagio muy remota.

La única forma en que el cotagio se da de manera certera es a través de una mordedura profunda de un animal infectado a otro sano y, también, por medio de transfusiones sanguíneas.

 

Es menos frecuente la transmisión entre las madres y sus crías; existe la posibilidad de contagio en el caso de madres positivas VIF que se encuentren en fase aguda de infección durante la gestación. En estos casos, la cría puede contraer el virus por alguna herida al momento de su nacimiento, por ejemplo.

Una vez que el gato está enfermo, la enfermedad comienza a desarrollarse y presenta una serie de síntomas característicos.

En una primera fase -que dura alrededor de 4 y 16 semanas- se puede observar fiebre, neutropenia -número de neutrófilos en sangre demasiado bajo) y linfadenopatía (-inflamación de las glándulas linfáticas-. Además, pueden producirse diarreas y síntomas respiratorios leves. Durante este período, el índice de mortalidad es bajo y, aunque en animal se recupere, siempre será portador de la infección.

En la segunda fase - también conocida como fase de portadores asintomáticos-, el virus en sangre se puede aislar y los gatos manifiestan alteraciones del sistema inmunológico. En condiciones naturales no es posible indicar con certeza la duración de esta fase, pero en el caso de estudios experimentales se ha demostrado que puede durar hasta 4 años.

En la tercera fase -que es relativamente corta, dura algunos meses-, se presentan síntomas como fiebre recurrente, linfadenopatía, leucopenia -disminución del número de leucocitos en la sangre-, falta de apetito, anemia, pérdida de peso y alteraciones del comportamiento.

En la cuarta fase pueden aparecer síntomas tales como infecciones secundarias crónicas, diarrea crónica, alteraciones de la sangre o hematológicas, adelgazamiento, estomatitis o inflamación de la mucosa bucal, así como de las encías y tejidos periodontales. La duración de esta etapa puede variar de meses a años y los felinos que sobreviven a ella llegan a un estado similar al SIDA de los seres humanos.

Por último, en la quinta fase o fase terminal, pueden presentarse infecciones que se podrían llamar "oportunistas", que precisamente se aprovechan de un sistema inmune debilitado. También es común que el animal manifieste delgadez extrema, falta de apetito o leucopenia. Trastornos oculares, desórdenes neurológicos, cambios en el carácter, deterioro mental, comportamientos psicóticos y tics nerviosos, son otros de los síntomas que pueden aparecer en el gato. Desde el momento en que el felino llega a esta etapa la evolución de la enfermedad es casi irreversible y la mayoría suele morir entre 1 y 6 meses más tarde.

A pesar de todos los síntomas mencionados, para llegar a un diagnóstico certero el veterinario deberá hacer una prueba de sangre para conocer el estado del sistema inmunitario del gato. El examen es muy similar al que se realiza en humanos para constatar la presencia de VIH.

Es necesario tener en cuenta que el tratamiento para la inmunodeficiencia felina más importante es la prevención, es decir, evitar que el animal se contagie esta patología. Es difícil, ya que en muchos casos los gatos pasan tiempo afuera del hogar, o están en contacto con otros de su especie sin que sus dueños lo sepan.

En caso de que el gato ya se haya contagiado, es importante protegerlo y evitar que se exponga a cualquier tipo de agente infeccioso que pudiera originarle una enfermedad grave o incluso la muerte, debido a que se trata de un animal con un sistema inmunológico debilitado.

Además, es fundamental fortalecer su sistema inmune y sus defensas. Para ello, existen fármacos que pueden prevenir el ataque de bacterias y futuras infecciones al animal. También es importante prestar atención a cualquier síntoma que aparezca, de modo que se lo pueda tratar de manera rápida y adecuada y que no empeore la salud del animal. Otro elemento clave es la desparasitación, dado que de lo contrario este tipo de microorganismos pueden afectar severamente su estado general.

Hasta el momento no existe una vacuna para prevenir esta infección; solo hay una que se ha testeado en Estados Unidos, en Japón y en Australia sobre virus inactivos y con resultados no concluyentes.
Por otro lado, existe un antiviral denominado interferón, que ha sido probado en ensayos y mejora los síntomas del virus, aunque no está disponible en todos los países.

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