Más artículos

Las medialunas de Atalaya: cómo se fundó y cómo crece la parada "obligatoria" en el viaje a la Costa

Las medialunas de Atalaya: cómo se fundó y cómo crece la parada "obligatoria" en el viaje a la Costa
Hace casi 80 años, dos españoles fundaron el famoso parador que alivianó el trayecto en ruta de muchos pasajeros. Su historia y los planes para el futuro
Por Mercedes Soriano
15.01.2021 15.15hs Negocios

Lugares icónicos en Argentina hay cientos, y en el kilómetro 113 y medio de la Ruta Nacional 2 se encuentra uno de ellos: el histórico parador Atalaya.

Con su emblemático arco iris marrón, rojo y amarillo, indica a los viajeros que ya están a pocos pasos de sus medialunas insignia. Esas facturas cocidas en horno a leña están impresas en la memoria de muchos argentinos y tienen una larga historia.

Corría el año 1942 cuando dos hermanos españoles, Ángel y Odilio García, inmigraron a Chascomús, Argentina. Su amor por la cocina de su tierra natal, sumado a que en aquellos tiempos los viajes de Capital Federal a la Costa Atlántica duraban ocho horas en promedio, los llevó a aprovechar la oportunidad de negocio y poner un parador en la ruta.

El menú ofrecido era español hasta la médula: jamón crudo, puchero, tortilla y muchas otras comidas potentes. Dos décadas después, sus creadores se mudaron a Mar del Plata y vendieron su querido Atalaya a cinco familias de Chascomús, cuyas terceras generaciones hoy siguen siendo el motor de una empresa que ya se proyecta más allá del clásico parador.

A la familia Rey, que era un quinto de la sociedad original, se la suele señalar como responsable de desarrollar la receta de las famosas medialunas. Calentitas y medio saladas, tan conocidas por tener ese algo distinto al resto, en 2019 Atalaya comercializó 7,7 millones de unidades.

Una de las primeras fotos del parador. La estación de servicio contigua fue clave para su crecimiento.
Una de las primeras fotos del parador. La estación de servicio contigua fue clave para su crecimiento.

Las tres bases del éxito

"Todo el mundo que ha viajado hacia la Costa ha frenado en Atalaya", destaca Juan Castoldi, Director de Operaciones y RRHH de la firma. Y semejante popularidad se puede atribuir a tres motivos.

Sin lugar a discusión, las medialunas son el primer factor que catapultó al parador a la fama. Castoldi señala que el secreto de su receta es la adición de la sal y la omisión de la leche. Atalaya basó su fórmula en el croissant francés, que es más salado como una medialuna de grasa, y menos dulce.

"En el país se tendió a argentinizar la medialuna y hacer algo súper dulce, cuando el origen usa sal. Nosotros mantenemos esa identidad y por eso tiene un sabor distinto", aclara Castoldi.

Además, pone la lupa sobre el justo balance de los componentes: "Los ingredientes han variado a lo largo de estos 80 años, y nosotros siempre apuntamos a lo mejor. Hoy se mantiene el concepto: una medialuna 100% de manteca, sin aditivos, sin conservantes, con ingredientes de primera calidad".

Atalaya es uno de los puntos de atractivo para los viajeros que pasan por Chascomús.
Atalaya es uno de los puntos de atractivo para los viajeros que pasan por Chascomús.

El segundo factor que lo constituyó como uno de los mejores paradores para elegir es la ubicación. A una distancia estratégica de sus principales clientes -quienes viven en la Capital y sus alrededores-, Atalaya es considerada una parada técnica obligatoria en la ruta.

Décadas atrás, la reducida autonomía de los autos obligaba a muchos viajeros a parar y cargar combustible en la estación de servicio que solía ubicarse a uno de sus costados.

Hoy en día, cuando los autos permiten realizar el viaje de un tirón, son más las ganas de probar las medialunas que la necesidad de parar las que atraen a la gente.

Atalaya y el Falcon, dos clásicos argentinos reunidos en una vieja fotografía.
Atalaya y el Falcon, dos clásicos argentinos reunidos en una vieja fotografía.

En tercer lugar, la identidad y su lugar en la memoria colectiva es lo que eleva a Atalaya en el ranking de paradores. El nivel de fanatismo lo ejemplifica Castoldi, al recordar: "Gente como de 50 años me ha contado que por ahí salían de bailar de Capital y venían hasta acá a desayunar".

Algunas de las figuras más importantes del país también hicieron su parada obligatoria en Atalaya: "Mucha gente que ha hecho la temporada ha pasado por acá. Famosos futbolistas y también presidentes han estado sentados en nuestras mesas. Mariano Martínez, Graciela Borges, Quique Wolff... Si me preguntás, no termino más". 

De un parador en la ruta a la expansión estratégica

Con los años, la marca creció para ser mucho más que un punto imperdible en la ruta. Al día de hoy, cuenta con tres locales en Chascomús, uno en General Guido, tres franquicias ya instaladas y tres más que se abrirán en Mar del Tuyú, Canning y Cañuelas. 

Para llegar a este punto, la empresa supo atravesar toda crisis que se puso en su camino. Uno de los momentos más duros para la sociedad fue el posterior a 2001, cuando en el contexto de crisis los socios se vieron obligados a hacer grandes aportes de capital y cambios en la gestión para mantenerse a flote.

Atalaya diversificó su oferta de productos y lanzó franquicias.
Crecimiento: Atalaya diversificó su oferta de productos y lanzó franquicias.

El otro, fue con el cambio de gobierno en 2016-2017, cuando el sector gastronómico y hotelero registró mayor caída económica que el resto. Entonces, tuvieron que cerrar algunas sucursales para reorientar la estrategia.

El sueño del 2020 era establecer su primer local en Capital Federal, pero la pandemia les jugó una mala pasada. "El 15 de marzo cerró todo, y las ventas de nuestros locales que estaban en el medio de la ruta se fueron a cero. Entonces, dijimos: ‘como la gente no puede venir, vayamos hacia la gente’", detalla Castoldi.

Su plan "B" para hacerle frente a la crisis fue arreglar con partners para establecer tres puntos de horneado en CABA: "La nostalgia de las vacaciones la pudimos seguir repartiendo a todos los que quisieron comprar nuestros productos".

Así, siguieron brindándoles a sus clientes el producto que tanto les gusta a través de las aplicaciones de delivery.

En octubre, los locales empezaron a remontar lentamente las ventas, y ya para diciembre habían recuperado casi el 70% de las del año anterior. "Dicen que todas las crisis son oportunidades", comenta con optimismo Castoldi, y da a conocer que gracias a llevar la medialuna a Capital, durante el último año firmaron tres contratos para instalar franquicias y tuvieron más solicitudes que en el año anterior.

Los casi 80 años de trayectoria, el boca a boca y, ahora, las redes sociales, consolidan la fama de las medialunas de Atalaya. "Nos avalan el producto y la historia, ya nos conoce la gente", concluye Castoldi.

Temas relacionados