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Lenguaje no verbal: qué "dijeron" los candidatos con sus gestos durante el debate presidencial

Lenguaje no verbal: qué "dijeron" los candidatos con sus gestos durante el debate presidencial
Mauricio Macri, José Luis Espert, Juan José Gómez Centurión, Roberto Lavagna, Alberto Fernández y Nicolás del Caño expusieron sobre cuatro ejes temáticos
21.10.2019 08.06hs Política

El domingo por la noche, en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, los seis candidatos a presidente que se medirán el próximo domingo en los comicios, participaron de un debate televisado. 

Una semana después del primer debate, Mauricio Macri, José Luis Espert, Juan José Gómez Centurión, Roberto Lavagna, Alberto Fernández y Nicolás del Caño expusieron sobre cuatro ejes temáticos: Seguridad; Empleo, Producción e Infraestructura; Federalismo, Calidad institucional y Rol del Estado y Desarrollo social, Ambiente y Vivienda.

En opinión de Diego Dillenberger, director de la revista Imagen y conductor de La Hora de Maquiavelo, se vio a un Alberto Fernández más relajado y con una actitud menos agresiva que en el debate anterior.

"A Macri se lo vio más cómodo, sobre todo en el tema corrupción, que posiblemente haya sido el gran momento de solvencia para el presidente. Al candidato José Luis Espert siempre lo destaco como el ganador por su muy buen manejo frente a cámara y la claridad de sus propuestas", dijo Dillenberger a Infobae.

También señaló que, en una encuesta que él mismo realizó entre expertos en comunicación, el 56% de los consultados opinó que este debate en la Facultad de Derecho fue muy superior al anterior, que tuvo lugar el pasado domingo 13 en la Universidad Nacional del Litoral, en Santa Fe.

"Se vio un debate más pro positivo que el anterior. Pero existió un debate particular entre Macri y Fernández que dejó afuera a los demás candidatos. Al presidente Macri se lo vio más firme, más confiado. Estuvo seguro de los temas que expuso. En todos los ejes decidió pegarle a Alberto Fernández, en cada una de las exposiciones. Miró hacia el frente y a veces hacia arriba hasta con cierto enojo", explicó por su parte Daniela Aruj, consultora en Imagen y Comunicación Política.

El doctor Sergio Rulicki, antropólogo y comunicador social, explicó que en este debate los gestos de Mauricio Macri fueron mucho más deliberados, estuvo mucho más en control: "Usó mejor las cejas para enfatizar, por ejemplo cuando dijo 'sé que hay muchos que están enojados', produjo un microgesto de tristeza, que consiste en elevar los ángulos internos de las cejas y acercaros entre sí, produciendo arrugas concentradas en el centro de la frente. Su tendencia a llevar las cejas y a mantenerlas en esa posición, gesto de perplejidad e indignación, resultó mucho esta vez mucho mejor aplicada, por ejemplo cuando habló de las víctimas de la inseguridad, sin embargo, resultó mal aplicada cuando habló de las medidas a tomar al respecto, ya que allí debió haber mostrado determinación bajando las cejas".

Sobre Alberto Fernández, el experto Director de la Diplomatura en Comunicación No Verbal de la Escuela de Posgrados en Comunicación de la Universidad Austral dijo que arrancó refiriéndose a la Facultad de Derecho de la UBA en la que transcurría el debate. Dijo 'aquí aprendemos lo que es el estado de derecho", y usó el dedo índice hacia abajo, lo que puede traducirse por la frase 'las cosas son como yo digo y acá se hace lo que yo digo'. Se trata de un gesto de autoridad. Cada vez que le tocaba hablar, realizó un gesto algo abrupto llevando las manos hacia arriba. Se trata de un gesto cuyo significado tendría cierta connotación de decepción con el estado de las cosas, obviamente, responsabilidad de Macri.

"Durante el primer bloque temático que fue Seguridad, el presidente Macri se manifestó firme en su gestualidad y lo señaló a Fernández al marcar diferencias en cuanto al abordaje del tema respecto a las políticas de los gobiernos kirchneristas que 'abandonaron a las víctimas del delito, alentaron a los barras bravas y descuidaron la frontera'".

Por su parte, Fernández utilizó un estilo spot publicitario, con un tono moderado de voz", afirmó a Infobae Alejandro Sangenis, coach de neuro-oratoria de políticos y empresarios. Y agregó: "En seguridad, Lavagna: utilizó el estilo 'británico', afirmando su rechazo a la mano dura y a la mano blanda. Gómez Centurión utilizó sus manos para la enumeración de sus medidas haciendo gestos de territorialidad. A Del Caño se lo vio seguro y descontracturado, e introdujo los temas de Ecuador y Chile sobre cómo el pueblo salió a las calles y también recordó los casos de Maldonado y Nahuel, siembre en un tono verbal duro. Espert en el tema de seguridad señaló a la cámara con el gesto del Tío Sam de 'I want you' y también usó el método británico de afirmar con la cabeza sin utilizar las manos."

Para Silvia Ramírez Gelbes, doctora en Lingüística, "Macri apeló a la clásica fórmula de la argumentación política con los latiguillos de 'nosotros somos distintos a ellos', o 'así son ellos', con el que cerró el debate anterior y enfatizó en la marcha del sábado. Indudablemente, ha practicado mucho en la semana. Pero debe decirse que miró menos a la cámara, y más a los presentadores."

 
"Fernández estuvo mucho más medido, usó unos tonos más tranquilos que en el primer debate. Evidentemente, es un hábito en él mover las manos y señalar con el dedo. Ahora buscó tomarse del atril y sólo por momentos apuntó con el índice hacia adelante, marcando el énfasis de lo que dice. En el momento del cierre, volvió al apóstrofe, 'seamos serios, presidente?", agregó la especialista, y señaló que Lavagna quedó en blanco por un momento y que Gómez Centurión miró directo a la cámara como no logró hacer en el primer debate. Espert le habló a Grabois y Del Caño utilizó eslóganes de campaña.


La consultora Aruj precisó que "Alberto Fernández intentó y casi lo logró, el no utilizar su dedo índice. Por momentos habló de los argentinos y no de él. Cuando se acordó, habló con el nosotros. Se lo notó más calmo y no tan enojado. Reaccionó cuando lo criticaron. Eso lo llevó a improvisar un poco. Básicamente fue una lucha por demostrar quién es más corrupto en los dos espacios".

Sobre Del Caño, dijo que se lo vio más enojado, se mostró con voz enérgica y golpeando la mesa con el puño. "El enojo fue con toda la temática y con todos los candidatos. Gómez Centurión sigue sin manejar bien los tiempos. Se lo vio mejor que en el primer debate, con tono firme y dando a conocer sus propuestas. Tiene un gesto muy recurrente: golpear los 10 dedos contra la mesa, lo que denota ansiedad. Se lo vio con el temor de que se le acabe el tiempo".

"A Lavagna se lo vio mejor que en el primer debate, con una exposición muy reflexiva. Pero hizo pausas muy largas, que en el primer tema pensamos que se había olvidado lo que estaba diciendo. De todas maneras su apelación fue: ‘Estoy en el medio, ni de un lado ni del otro’. En el eje del Empleo, se esperaba algo más. Habló de que en el contexto actual no se puede generar empleo y en el que se viene no tiene ninguna oportunidad. Salvo que si gana él, va a poner la economía en movimiento. Se comprometió a generar 2 millones de puestos de trabajo nuevos, sin decir cómo lo iba a hacer", concluyó.


Bloque de Empleo

En el bloque de Empleo, Alejandro Sangenis señaló que Fernández volvió a señalar a Macri con el pulgar de costado. Más tarde lo hizo girando todo el cuerpo hacia el Presidente, espetándole que lo esperan más de 100 causas judiciales cuando termine su ejercicio presidencial.

 

Por otro lado, señaló que Espert le preguntó directamente a Fernández si fue cómplice de la corrupción K, obteniendo una respuesta directa de él, sin que continuara con su exposición preparada.

"Macri abrió sus brazos como quien es atacado injustamente cuando le dijo a Fernández que era de muy mal gusto meterse con una persona que ya no está, en referencia a su padre ya fallecido y acusado por el candidato de la oposición en la causa del Correo Argentino. Luego miró y gesticuló ampulosamente al enumerar las causas de corrupción del gobierno K diciendo que Lavagna lo veía y que (Fernández) de la oficina de al lado no lo vio", agregó.

Ramírez Gelbes hizo foco en que "Macri, sin dudas, se ha preparado mejor que para el primer debate. Usó las manos en espejo, empleó sus últimos minutos para enfrentarse de manera directa a Fernández con un tono más enérgico que el que usó antes. Por su parte, Fernández manejó bien la gestualidad para acompañar el énfasis de lo que dijo. Y continuó empleando el apóstrofe: 'Presidente, hablemos en serio'".

"Lavagna, como hacen muchos conferencistas, tomó la lapicera como el objeto que le permite anclar en algún lugar las manos. Cuando no tiene la lapicera, cruza las manos. Espert, tal como ocurrió en el primer debate, usó un tono un poco sobrador, como el de una persona que tiene la paciencia de explicar algo difícil a alguien que, probablemente, no pueda entenderlo. Es el primero que realmente usó los 30 segundos para hacerle una pregunta a otro candidato, Alberto Fernández", agregó.

Sobre Gómez Centurión, dijo que usó las manos para enfatizar sus palabras. Pero siguió sin la capacidad de atenerse a los tiempos. Respecto a Del Caño destacó que utilizó por momentos sus notas y también la anáfora: "Los recursos están para…, los recursos están para…, los recursos están para…".

Federalismo

"Macri comenzó a mirar directamente a la cámara y a usar también la anáfora. 'Trabajamos juntos…, juntos…, juntos…', moviendo las manos en espejo.

Fernández inició su alocución diciendo ‘Miren’. Tuvo un tono profesoral, pero amable. Le respondió a Macri pero en tercera persona: ‘El presidente está preocupado…’. Ahora se refiere al presidente desde la 1ra. persona del plural: ‘Quisiéramos saber, señor presidente’", apuntó Gelbes.

"En tanto, Lavagna habló con la tonalidad propia de un académico que está reflexionando y que lo que dice es producto de esa reflexión. Es más, leyó sus notas cuando habló en varias oportunidades. Y miró al público, no directamente a la cámara. Espert tuvo un tono pedante. Eso sí, su discurso resultó bien fluido y claro en sus explicaciones. En el cierre, se refirió a la contienda entre Fernández y Macri y se burló de ellos: ‘Muchachos, son iguales’", agregó.

Sangenis apunto que Fernández acusó al presidente de mentir, mientras negaba con su cabeza. "Vamos a ocuparnos de que el hambre se termine", dijo y agarró por primera vez con su mano izquierda el micrófono utilizando el recurso de desvío para canalizar presión.

Macri fue muy elocuente con el tema inundaciones. Enérgico en el tono y lenguaje corporal al enumerar obras, recordó la infraestructura construida.

Lavagna por primera vez al hablar de la pobreza usó su mano izquierda para hacer un gesto de barrer con la pobreza atravesando su frontalidad, le dijo el experto a Infobae.

En el bloque Desarrollo Social, Ambiente y Vivienda, Gelbes afirmó que Macri dejó de usar las manos en espejo y enfatizó con una de ellas para reforzar lo que afirmaba: "Nosotros decimos la verdad". En el intercambio volvió a las manos en espejo. Hizo también una observación graciosa en el cierre: "Tengo que escuchar lo que me dicen los kirchneristas, ¡espero estar ganándome el cielo de por vida!"

"Fernández, indudablemente, se cuidó de no señalar con el dedo, aunque en algunas oportunidades no lo pudo evitar. Lavagna, probablemente fue el que mantuvo su discurso más parecido al del primer debate, aunque creo que hoy tuvo algún momento de duda", prosiguió.

"Espert, a diferencia del primer debate, no usó ni lunfardo chic ("cool"), ni palabras demasiado informales ("el curro", "el verso"). Pero siempre mantuvo su tono arrogante y la cabeza un poco ladeada, como si estuviera algo fastidiado. Gómez Centurión no logró manejar sus tiempos. En general, se pasó. En una oportunidad, se quedó corto. Del Caño, en comparación con el primer debate, tuvo un discurso más fluido y más tranquilo. Le respondió a Macri, más enérgico que en otros momentos de este debate. "Usted los estafó a quienes pidieron un crédito UVA, Macri", resaltó.

Conclusiones

"Es de destacar que todos han practicado más. Todos parecieron un poco más tranquilos y más confiados y han estudiado mucho mejor lo que dirían en sus intervenciones. Tal vez, quien mantuvo el estilo y el tono del debate anterior es Lavagna. El resto, evidentemente, ha mejorado algunos puntos, desde lo gestual (todos están más contenidos, excepto Macri, que está más enérgico) hasta los tonos y la fluidez. Si bien Fernández estuvo muy fluido también en el debate anterior, en este se ha cuidado de estar menos enérgico y, desde luego, se ha cuidado de no reforzar sus énfasis con el dedo del que tanto habló el presidente", afirmó Gelbes.

Rulicki remarcó que el Presidente tuvo errores de dicción: se comió las sílabas, algo que le ocurre cada vez que el nerviosismo supera su capacidad para mantenerse en control de sus sensaciones emocionales. Se fue asentando con el transcurso del debate, la pelea "chicanera" le sienta bien. 

El experto enfatizó que esta vez Macri capitalizó su habilidad para comunicar indignación: "A diferencia de lo que sucedió durante el primer debate, cuando al terminar con la frase 'Yo estoy convencido de que podemos' produjo la elevación de las cejas característica de los estados cognitivos de perplejidad, y por lo tanto, contradictoria con el sentido de su discurso verbal, esta vez, exactamente al terminar de pronunciar sus palabras finales produjo una mirada gélida, que podría traducirse por la frase: 'hice lo que tenía que hacer. No sintió ningún tipo de culpa ni de vergüenza', ningún tipo de ambigüedad interna entre su discurso y lo que sabe (o debería saber) que es la realidad. Por eso emitió una mirada que llamo "predadora". Macri sintió que cumplió con su objetivo: "cazar a su presa'".

Sobre Alberto Fernández, Rulicki indicó que tuvo un nivel de ilustración gestual de su discurso verbal que resultó demasiado bajo en términos de proyectar entusiasmo y produjo el balanceo, de su cuerpo, es decir, el pasaje del peso de un pie al otro con demasiada frecuencia. El balanceo canaliza el exceso de tensión, y puede aliviarlo un poco, pero no lo elimina y resulta contraproducente con la proyección de aplomo, que requiere una estabilidad corporal mayor, con mayor alineamiento con el eje de la cabeza y columna hacia la tierra. Además, observó que el candidato opositor tuvo un lapsus cuando no pudo decir "conflicto de intereses" o "incompatibilidad de intereses, como luego le acotó Del Caño, otra muestra de alto nerviosismo.

"Tuvo algunos errores de dicción sobre todo con relación al tema de la calidad institucional. A través de su paralingüística, es decir, de las cualidades de su voz y su enunciación, y a pesar de su disfonía que parece crónica, Alberto Fernández manifestó de manera enfática su oposición a la visión de país del presidente Macri, sin embargo, en algunos casos no tuvo el énfasis verbal necesario como por ejemplo cuando habló del medio ambiente y dijo: "Vamos a pedirle a la minería que se desarrolle de manera sustentable", cuando lo que podría haber dijo es que iban a "exigirle" ese tipo de desarrollo. Alberto Fernández se mostró serio y comprometido con su discurso, y a diferencia del debate anterior no sonrió ni una sola vez. Pareció más controlado emocionalmente en el sentido de que sus expresiones faciales, si bien contuvieron elementos de gan preocupación, no mostraron la angustia que se le filtró en el debate anterior. Creo que cerró de manera débil al hacer referencia a una canción de María Elena y enumerar la historia de los fracasos argentinos, ya que no se entiende porqué si él, Nestor y cristina pusieron al país de pié, después vino Macri", concluyó Rulicki.

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