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Preocupación por la aceleración de contagios: podría colapsar el conurbano y aumenta la tensión con clínicas y prepagas

Preocupación por la aceleración de contagios: podría colapsar el conurbano y aumenta la tensión con clínicas y prepagas

Preocupación por la aceleración de contagios: podría colapsar el conurbano y aumenta la tensión con clínicas y prepagas
Lejos de aplanarse, la curva de contagios muestra 3.000 casos diarios y pone a prueba la capacidad del sistema hospitalario. Temen colapso en el conurbano
Por Fernando Gutiérrez
09.07.2020 11.00hs Política

La presencia de Martín Insaurralde, recién recuperado tras haberse contagiado de Covid-19, le daba un simbolismo especial al acto, como de resistencia ante la adversidad. Junto al resto de los funcionarios, entre los que se encontraba el gobernador Axel Kicillof, y manteniendo la distancia de dos metros, el intendente de Lomas de Zamora cumplió el miércoles el ritual preferido de los políticos: cortó una cinta inaugural.

Se trata del nuevo hospital modular de Fiorito, que reforzará al exigido sistema sanitario del conurbano bonaerense, al aportar 24 camas de terapia intensiva y 48 de intermedia para un distrito que, detrás de La Matanza y Quilmes, encabeza el ranking de infectados por coronavirus.

 Se destacó en el acto que la inauguración forma parte del plan de obras de emergencia para abrir 12 nuevos centros de atención, de los cuales siete se ubican en partidos del conurbano.

La presencia de Máximo Kirchner y del ministro de obras públicas, Gabriel Katopodis, da la pauta del mensaje político que se intenta transmitir en un momento en el que la curva de contagios acelera peligrosamente, ya con un conteo de más de 83.400 casos y creciendo a un ritmo de 2.900 nuevos casos por día.

Específicamente en la provincia de Buenos Aires el crecimiento diario ya tiene un ritmo de 1.750 nuevos casos, la mayoría de ellos en el conurbano.

¿Se aplana la curva?

Al mismo tiempo, el presidente Alberto Fernández se reunía con tres intendentes, Jorge Macri de Vicente López, Néstor Grindetti de Lanús y Juan Zabaleta de Hurlingam, para empezar a analizar de qué forma se puede volver a flexibilizar la cuarentena cuando venza el plazo del aislamiento estricto que vence en una semana.

Esas dos situaciones, que a primera vista pueden impresionar como contradictorias, dan la pauta del momento que se vive en el conurbano: por un lado, el riesgo de colapso sanitario inminente; por el otro, la necesidad de dar respuestas a una población exhausta por la imposibilidad de recuperar cierta normalidad en la actividad económica.

Y refleja la tensión interna del gobierno, que por un lado sufre el riesgo de que la propagación del virus pueda escalar pero, al mismo tiempo, ve disminuir la capacidad para aplicar medidas de control. En ese escenario de preocupación, el ministro Ginés González García intentó llevar tranquilidad al afirmar que "en dos o tres días" empezará a bajar la cantidad de contagios diarios que se suman a la lista.

El ministro Ginés González García confió en que
El ministro Ginés González García confió en que "en dos o tres días" se podrá empezar a revertir el aumento diario de contagios

En la visión del ministro de salud, el resultado de la cuarentena estricta en el AMBA será el punto de inflexión que permita revertir la situación y así "poder tener el aire necesario para que nunca se colapsen los sistemas de atención de las personas".

Un pronóstico que, sin embargo, contrasta con la opinión de muchos expertos que creen que la peor fase de la pandemia recién se está instalando.

Esperando el desborde

Lo cierto es que las declaraciones de los funcionarios no logran despejar los temores sobre el funcionamiento del sistema de salud, sobre todo en el conurbano.

De hecho, en los últimos días hubo hospitales que ya completaron su capacidad de atención en las salas de terapia intensiva, lo cual obligó a medidas de emergencia –tales como traslados de respiradores y habilitaciones de camas en centros modulares- en zonas como Tigre, Quilmes, La Matanza y Morón.

Los intendentes de los partidos más castigados por la pandemia hablan de niveles de ocupación de las terapias intensivas que superan con amplitud el 70%, con clara tendencia ascendente, una cifra que se contrapone a la estadística oficial de 50% para el AMBA y que hace temer a los expertos por un colapso en la capacidad.

Lo cierto es que muchas de las camas ocupadas no responden a casos de Covid-19 sino a otras típicas enfermedades estacionales. La situación había sido prevista por el gobernador Kicillof cuando, al anunciarse una de las extensiones de la cuarentena recordó que lo peor no había llegado porque todos los indicadores se agravarían en el invierno.

El gobernador recordó que, para esta altura del año pasado, sin pandemia, ya la infraestructura sanitaria en el conurbano estaba colapsada por el aumento estacional de internaciones que ocasionan las neumonías, la influenza y las típicas enfermedades contagiosas en el invierno.

Con lo cual, la perspectiva de un colapso, más allá de los pronósticos optimistas que intenta transmitir Ginés Gonzáles García, sigue estando latente.

Y es ahí cuando toma nuevamente vigencia un potencial conflicto: qué ocurrirá cuando sea necesario que el desborde ocasionado en el conurbano implique el uso de recursos de infraestructura -tanto pública como privada- de áreas vecinas al conurbano, empezando por la Ciudad de Buenos Aires.

El gobierno nacional logró hasta ahora contener –pero no eliminar- un debate que se había esbozado de forma intensa al comienzo de la cuarentena: si la infraestructura privada de las empresas de medicina prepaga debían estar a disposición de un plan nacional. Lo cual, eventualmente, podría implicar que los asociados perdieran posibilidades de atención en esas instituciones, que deberían derivar sus recursos.

La situación se agrava por el hecho de que, al decir de Horacio Rodríguez Larreta, si bien en la Ciudad el nivel de ocupación de camas es del 50%, "no es una cifra para relajarse", dado que con el incremento de contagios diarios rápidamente se podría llegar al tope de la capacidad.

De hecho, cuando el jefe de gobierno porteño hizo esa advertencia, el nivel de contagios diarios en la Ciudad era de 850, pero desde entonces ya se llegó a un nivel de más de 1.000 casos por día.

Y la realidad es que, cuando se produjo el brote en la villa 1-11-14, del Bajo Flores, la capacidad ocupada en los hospitales de la zona subió rápidamente al 80% de las terapias intensivas.

Conflicto en puerta

Esto puede retrotraer la situación al debate de abril pasado. Ya pocos recuerdan la polémica generada en ese momento, pero una insinuación, por parte de funcionarios de que todos los recursos del sistema privado serían puestos a disposición estatal provocó una reacción furibunda por parte de los afiliados a las prepagas.

Lo que se estaba analizando en ese momento, tomando en consideración los modelos europeos –en particular casos como Irlanda, España y Francia- era un decreto que declarase los recursos sanitarios como de interés público, lo que implicaría que el Gobierno pudiera disponer de amplias facultades para intervenir el sector privado de salud.

La polémica que vuelve: el uso de recursos del sistema privado si colapsan los hospitales
La polémica que vuelve: el uso de recursos del sistema privado si colapsan los hospitales

Concretamente, eso implicaba la centralización estatal para asignar el uso de camas, respiradores y otras prestaciones médicas en la emergencia. El lobby de las empresas de medicina privada hizo que se revisara la medida y todo quedara en la adopción de una mesa de coordinación.

En aquel momento, luego del conato de conflicto, Ginés indicó que nunca había estado en el ánimo gubernamental la apropiación de establecimientos privados ni la distribución de pacientes sino que se pudiera mejorar la coordinación. Sin embargo, no se ha modificado la cuestión central que motivó el "casi-conflicto": la mayor parte -algunos estiman en casi un 60%- de las camas de terapia intensiva disponibles corresponden al sector privado.

En las últimas semanas trascendieron cifras en el sentido de que ya un 30% de los ocupantes del sistema de salud pública porteño corresponde a derivaciones de la provincia de Buenos Aires, una situación que podría intensificarse en la medida que la curva de contagios se mantenga.

Y fue ese marco que volvieron a sentirse las tensiones entre el sector público y el privado. Temerosos de que puedan sufrir juicios por parte de afiliados que en un eventual caso de necesidad no encuentren lugar para internarse en su institución, los empresarios de la salud resisten la posibilidad de que haya derivaciones desde hospitales públicos, sobre todo si se trata de personas sin ningún tipo de cobertura.

Por ahora, el conflicto se mantiene contenido, pero lo cierto es que la estadística de los nuevos contagios hace presagiar que llegará el punto en el que haya que negociar el uso de los recursos del sistema privado. Otro motivo, aparte del sanitario, para que el ministro Ginés apueste a que se produzca el esperado punto de inflexión que permita "aplanar la curva".

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